""Pastor generoso y valiente""
El Santo Padre Juan Pablo II recordó en el Angelus del domingo 17 de marzo la trágica muerte de Mons. Isaías Duarte Cancino, arzobispo de Cali, bárbaramente asesinado la tarde precedente
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"Desde Colombia llega la dolorosa noticia de la muerte de Mons. Isaías Duarte Cancino, Arzobispo de Cali, bárbaramente asesinado cuando salía de la parroquia del Buen Pastor, después de haber celebrado varios matrimonios. Pastor generoso y valiente en el anuncio de la Buena Nueva, ha pagado con tan alto precio su enérgica defensa de la vida humana, su firme oposición a todo tipo de violencia y su dedicación a la promoción social desde las raíces del Evangelio. Mientras elevo mis plegarias por el eterno descanso del difunto Prelado y expreso mi cercanía a la Iglesia colombiana que llora su trágica desaparición, exhorto una vez más a los colombianos a proseguir por las vías del diálogo, excluyendo todo tipo de violencia, chantajes y secuestros de personas y comprometiéndose firmemente en lo que son los auténticos caminos de la paz."
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Así fue su última ceremonia
La periodista Carolina Bohórquez, redactora de EL Tiempo en Cali, describió en un artículo que tituló "Así fue su última ceremonia", todo lo que aconteció antes del sacrificio de su vida minutos después de un gran acto y testimonio de amor de Cristo para con los hombres y de fe católica: la bella celebración de un matrimonio masivo.
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Las circunstancias de su muerte demuestran lo que amó a la Iglesia y como guardó fidelidad al evangelio del Señor Jesucristo hasta el final. En su trágica muerte se ve la realización del pasaje evangélico de que "el buen pastor entrega su vida por las ovejas". Su muerte lo introduce a la intimidad con Dios. Dice el relato periodístico:
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"Mientras el párroco Óscar de la Vega organizaba a las parejas que llegaron de diferente barrios del oriente de Cali, Duarte Cancino sonreía bajo los pies del gigantesco Cristo del altar de esta iglesia del barrio Ricardo Balcázar del Distrito de Aguablanca.
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La iglesia, con capacidad para 400 personas estaba atiborrada de familiares de los novios y curiosos. La multitud llegaba hasta la calle, donde tampoco fue suficiente el centenar de sillas plásticas blancas que compró el padre De la Vega. Más de 700 personas ocupaban el interior y el atrio de la parroquia.
"Siento una alegría muy grande porque hay parejas que llevaban 45 años juntas y al fin pudieron santificar su amor con la bendición de Dios", dijo el prelado minutos antes de iniciar la última ceremonia de su vida.
Estaba feliz y a la vez sorprendido del matrimonio masivo en la pequeña iglesia adornada con bombas blancas y una decena de adornos florales.
"Hace dos años bendije a 60 parejas por el año del Jubileo, pero lo de hoy alcanza dimensiones gigantescas y es una muestra de que la gente quiere vivir en paz con Dios y dejar atrás el pecado", dijo Monseñor una hora antes de que dos jóvenes de cabezas rapadas le provocaran la muerte. "Por eso vine a casarlos yo mismo", dijo.
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El Arzobispo llegó a las 6:30 de la tarde a la parroquia, donde el padre De la Vega convocó desde noviembre pasado a quienes vivían en unión libre, garantizándoles que la iglesia se haría cargo de los costos de los documentos necesarios para los matrimonios.
Tranquilo y confiado, Monseñor caminaba entre los feligreses a empujones. La ceremonia inició con la marcha nupcial. El centenar de parejas se abrió paso entre fotógrafos, familiares y amigos. |
El padre Joaquín Cortés, rector del Seminario de la Arquidiócesis de Cali, siempre estuvo cerca de Monseñor, quien llegó sin ninguna protección. Muchos asistentes ocuparon el altar. Los adultos estuvieron de pie y los niños en el piso, a pocos metros del Arzobispo.
"Solo voy a decir dos palabras", dijo minutos después del Evangelio. "Quiéranse y respétense". Luego bromeó al recomendar a los nuevos esposos nada de violencia, "porque hay hombres muy guapos que les pegan a las mujeres, pero las mujeres tampoco se quedan atrás: no pegan, pero usan la lengua...".
Una hora después de iniciar el matrimonio masivo, el prelado se acercó a cada una de las parejas. "A cada una casaré y les preguntaré si están seguros del paso que van a dar", dijo.
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Raúl Dávila, de 65 años, y Rosalba Tascón, quienes conviven desde hace 44 años, estaban nerviosos cuando Monseñor se les acercó. Junto a esta pareja, oriunda de Calima-El Darién, estaba uno de sus cuatro hijos, que también se casaba. "Estoy orgulloso de ustedes", dijo monseñor. "Estoy muy feliz".
La ceremonia finalizó a las 8:15 de la noche. Monseñor se quedó un rato más en la calle felicitando a algunos de los nuevos esposos.
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Después salió a tomar la camioneta estacionada frente al templo. Edilberto Ceballos, conductor del prelado durante los siete años como arzobispo de Cali, lo esperaba a unos metros de la parroquia. A las 8:30 de la noche se escucharon los disparos que disipó la multitud. "Mataron a Monseñor", decía la gente que huyó a sus casas.
Lo habían atacado dos hombres, uno alto y otro bajo, de entre 22 y 28 años. El conductor cuenta que iba adelante y sintió los disparos. "Cuando miré a Monseñor creo que ya estaba muerto", contó.
Al Hospital Carlos Holmes Trujillo, el más cercano al sitio del atentado, llegó sin vida a las 8:40 de la noche, dijo el médico Ricardo Vanegas." (fin)