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Monseñor Isaias Duarte Cancino nació en San Gil, Departamento de Santander el día 15 de febrero de 1939, del hogar formado por don Crisanto Duarte Pilonieta y Doña Elisa Cancino Arenas. Fue el menor de siete hermanos, en un hogar cristiano y honorable, como solía decirse por aquella época. Hace su bachillerato en Bucaramanga en el Colegio Santander.
Forjado en la reciedumbre y el talante propios de la gente de su comarca raizal, su ingreso en el Seminario de Pamplona no fue para probar si sería o no sacerdote. Ingresó, de una vez, para serlo. Desde entonces se percibían en él sus grandes cualidades y su espíritu de liderazgo.
En dicho seminario se preparó para la misión sacerdotal en la disciplina rigurosa de los estudios de filosofía. Cursó los tres años de Filosofía y un semestre de Teología.
De Pamplona, Colombia, hacia Roma, Italia.
Conciente de la importancia de su formación, con recursos familiares, fue a la Universidad Gregoriana en Roma, a cursar Teología. Vivió como era usual en esos años en el Colegio Pío Latinoamericano en la vía Aurelia. Allí acrecentó su amor al Santo Padre y a la Iglesia que lo llevaron a distinguirse como un joven que amó entrañablemente a la Iglesia y se sacrificó por ella con notable espíritu de obediencia a la autoridad eclesiástica.
Luego de cuatro años de estudio, obtendría el grado académico de Licenciado en Teología.
Durante la Segunda Sesión del Concilio Vaticano II, el 1° de Diciembre de 1963 fue ordenado sacerdote, al servicio de Dios y de los hombres, por su Obispo, Monseñor Héctor Rueda Hernández
De regreso a Colombia
Vinculado jurídicamente a la Arquidiócesis de Bucaramanga, llega a esta ciudad el joven presbítero a finales de 1964. Muy pronto se ganó el aprecio y el respeto de todos. Era el primer seminarista de la joven Diócesis, que había ido a concluir estudios en Roma y ahora neopresbítero, tenía un porte muy sacerdotal.
A partir de ese momento inicia su ministerio de pastor de almas a traves de diferentes funciones: Vicario Cooperador de la Catedral de Bucaramanga, profesor en el Seminario Arquidiocesano de Pamplona, luego Párroco en la parroquia del Espíritu Santo, en la Catedral de la Sagrada Familia de Bucaramanga. Mas tarde en la parroquia de San Juan de Girón y en la provincia de Garcia Rovira en la ciudad de Málaga, todos esos lugares de evangelización conocieron de su celo apostólico, de su fé acendrada y de su inquietud por dejar obras de beneficio espiritual y social.
Colaborador en la formación de los sacerdotes en calidad de profesor y Director Espiritual, primero en Pamplona y luego en el naciente Seminario Mayor de Floridablanca. Además se desempeño como director espiritual de los candidatos al sacerdocio en el Seminario de Bucaramanga y Vicario de Pastoral en la Arquidiócesis Bumanguesa.
Se desempeñaba como Vicario de Pastoral Arquidiocesano, cuando fue nombrado Obispo Auxiliar de Bucaramanga el 10 de abril de l985 por su Santidad Juan Pablo II, recibiendo su ordenación episcopal el 17 de junio de dicho año. Era el primer Obispo Auxiliar del Señor Arzobispo de Bucaramanga, y por entonces Presidente de la Conferencia Episcopal, Monseñor Héctor Rueda Hernández.
Se merece destacarse su particular interés por establecer en la Arquidiócesis de Bucaramanga una seccional de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín. Lo cual logró casi de inmediato y constituye hoy un hecho trascendental para la Iglesia, en su labor evangelizadora.
Este cargo de Obispo Auxiliar lo desempeñó hasta 1988, fecha en que se creó la Diócesis de Apartadó, siendo designado por el Santo Padre como su primer Obispo.
Urabá
Desde 1988 año en el cual fue creada la Diócesis de Apartadó por su Santidad Juan Pablo II en el Urabá Antioqueño y Chocoano hasta el año de 1995, Monseñor Isaías Duarte Cancino preside como su primer Obispo en este desgarrado girón de la Patria.
En Urabá su servicio a la Iglesia lo transformaría para siempre pues Apartadó y toda esa zona del Urabá antioqueño era un territorio donde se libraba en esos momentos una lucha sin tregua entre diferentes grupos violentos para hacerse al dominio de las ricas y estratégicas tierras. En ese lugar conoció de primera mano la violencia cruel y despiadada del conflicto armado y entendió que en su servicio pastoral tenían que tener una importancia fundamental las víctimas inocentes de la violencia.
Allí aprendió en profundidad y en oración lo que significa ser Padre y Pastor; por eso, llevó a cabo un incontable número de obras en todos los campos y desarrolló lo que en boca de muchos fue una verdadera revolución educativa. Hasta su muerte estuvo convencido Mons. Isaías que educando al pueblo se evita la guerra y se fomenta la paz.
Durante estos siete intensos años pioneros de la Iglesia en esa región, se dedicó al trabajo pastoral, por la paz y al servicio del hombre de Urabá. Creó los Seminarios Menor y Mayor, seis colegios de secundaria como opciones para la formación de los jóvenes; promovió y apoyó la economía solidaria como alternativa del campesinado pobre y sectores populares; igualmente, creó una Comisión para la vida, justicia y paz, comprometiendo a los diferentes sectores de la población y gremios en el trabajo por la convivencia; convocó a los amigos de Urabá para analizar y buscar caminos de paz en esta martirizada región.
Promovió procesos de paz y participó en negociaciones con grupos de autodefensas campesinas, con el ejército popular de liberación (EPL) y con la corriente de renovación socialista y en los momentos de mayor contradicción política de Apartadó, logró tras muchas horas de empeño y sacrificio un consenso para la Alcaldía de este municipio.
Su preocupación por la mujer víctima inocente de la violencia y de los huérfanos lo motivó a fundar el Centro de Atención de Viudas y Huérfanos Compartir para devolver la esperanza de vida y dignidad a la mujer, madre de esa nueva generación producto de la oscuridad. Además trabajó por las familias desplazadas, los individuos que buscaron la reinserción a la vida civil, los jóvenes campesinos sin estudio y demás problemas sociales que lo llevaron a apoyar proyectos para la solución de estos situaciones.
El contacto con violencia irracional, la violación de todos los derechos humanos y de una lucha sucia por hacerse al poder político y económico en la zona, hicieron que Monseñor Isaías asumiera en verdad y profundidad los rasgos de Jesús a traves del amor por esa tierra y sus gentes. Anunció la verdad del Evangelio y denunció con valentía todo lo que no era cristiano, viniere de donde viniere, y luchó sin miedo ni fatiga por implantar la paz. Cuentan que se angustiaba y hasta sentía miedo por tanta violencia, pero no desistía de la búsqueda de la paz.
De esto dio fe: su trabajo insomne y perseverante, y la entrega total de su persona a la gente de Urabá, víctimas de la violencia más cruel y de las masacres más inhumanas. Su acción y entrega al servicio de la paz, la concordia y el respeto fueron tales que, trasladado a Cali, el entonces Señor Gobernador del Departamento de Antioquia, Doctor Álvaro Uribe Vélez, pidió al Santo Papa que no se les privara en Urabá y en toda Antioquia de la gracia de retenerlo en la Diócesis de Apartadó.
Premio de Paz
Porque él fue como una bandera blanca de paz y reconciliación ciudadana, en 1995 la Fundación Alejandro Ángel Escobar le otorgó el premio nacional de Paz que la misma fundación reserva para los más denodados hacedores de la paz. Y se destaca que el reconocimiento económico que conllevó dicho premio, Monseñor Duarte Cancino lo repartió íntegro en beneficio del trabajo por la Paz de Urabá y, más tarde, en apoyo financiero para la creación en Cali de la Escuela de Derechos Humanos.
Al otorgársele el premio de Paz por su labor pacificadora en Urabá, se dijo que él: "En esa región, donde se hacían presentes - como ahora - todas las formas de violencia, desarrolló Monseñor una labor que no se limitó al ejercicio de su cargo. Trabajó con todas las fuerzas sociales de la zona; lideró con la alcaldesa, de ese tiempo, el Consenso de Apartadó, un ejemplo nacional de gobernabilidad, que fortaleció los ideales de defensa de la vida y desarrollo y progreso social de esa región, sumida, por muchos años, en un conflicto armado que parecía de posiciones irreconciliable; cumplió un trabajo arduo con la Comisión Facilitadora de la Paz, creada por la Gobernación de Antioquia; fue Presidente de la Asociación de Amigos de Urabá".
Ideó el Programa de Pedagogía de la Tolerancia para que todos aprendieran a resolver pacíficamente los conflictos cotidianos. Fue el gran gestor y promotor de las "Comunidades Cristianas" de paz, que tanto bien le han hecho a los habitantes de esa región.
El Valle del Cauca
El 19 de agosto de l995, el Santo Padre Juan Pablo II, le dio traslado a la Arquidiócesis de Cali, sede metropolitana, de la que tomó posesión el sábado 23 de septiembre subsiguiente.
El lema que escogió como Obispo caracterizó su presencia en la atormentada región de Urabá y su misión en Cali: Servir. No eligió, ser servido como amo y patrón, sino ser el servidor en la verdad y en el amor, de aquellos que Dios confía a su cuidado de Pastor y de Padre, según el mandamiento y el ejemplo mismo de Cristo.
Significativo fue el saludo que uno de los periódicos de Cali le hizo en primera página y a tres columnas en negrilla el día de su entronización en Cali: Hoy -anunciaba el periódico- llega el Apóstol de la paz.
Por eso, al demostrar su condición de Apóstol de la Paz en distintas acciones y circunstancias, no se prescindió de él, de sus luces y de su orientación para la búsqueda de la paz. Lo anterior explica por qué se le dio la presidencia de la Comisión Facilitadora de paz en Antioquia.
Cali vive tres funestos fenómenos de grandes proporciones: La delincuencia común, de los carteles de narcotraficantes y la guerrilla, esta última que protagonizó hechos que le dieron la vuelta al mundo como los secuestros en La Iglesia La Maria y el secuestro masivo del kilómetro 18 de la vía al mar. Célebre se hizo de ahí en adelante su frase: "Los queremos vivos, libres y en paz".
A lo anterior se le sumaba la grave situación económica que vive la ciudad durante su permanencia en Cali. De ahí el número tan grande de obras, más de 200 en lo material y en lo espiritual, que creó y consolidó allí durante siete años. Baste citar, el Centro de Espiritualidad, el Centro de Catequesis, la Universidad Lumen Gentium, el Banco Arquidiocesano de Alimentos, el Centro de Investigación y más de 27 colegios en donde se repartía a la par el pan intelectual, y el pan que sacia el hambre corporal, y 42 parroquias, especialmente en barrios populares. Como apóstol y constructor de la paz, amigo de los jóvenes y maestro de reconciliación por se experiencia en Urabá, creó la Comisión Arquidiocesana Vida, Justicia y Paz para desarrollar la promoción de la vivencia de los Derechos Humanos en el individuo, la familia y comunidad Caleña.
Su muerte
Armado solo de sus convicciones y de su palabra y la fé en Dios, el Arzobispo de Cali, Monseñor Isaías Duarte Cancino, enfrentó por igual a los gestores de violencia: la guerrilla, el paramilitarísmo, y al narcotráfico con sus poderosos tentáculos, asi como a la corrupción y la insensibilidad social.
Entre esos fenómenos antisociales con que la sociedad colombiana convive, están los autores y los propiciadores de su asesinato. Ellos aprovecharon su indefensión para acabar con su vida. Pero crearon otro mártir, de aquellos que han entregado su existencia en aras de la defensa de la dignidad humana en Colombia".
Monseñor Duarte Cancino fue asesinado el sábado 16 de marzo de 2002, a la edad de 63 años, minutos después de haber oficiado un gran matrimonio colectivo de más de cien (100) parejas de la ciudad de Cali, en la Iglesia del Buen Pastor en el Distrito de Aguablanca, cuando dos sicarios le dispararon.
Sus honras fúnebres tuvieron lugar el martes 19 de marzo y fueron presididas por el Eminentísimo Cardenal Pedro Pubiano Sáenz, Arzobispo de Bogotá, en presencia de más de 70 obispos de toda América Latina que se desplazaron hasta la ciudad de Cali, del Presidente de Colombia y su gabinete, candidatos presidenciales, autoridades civiles, eclesiásticas y militares del Valle del cauca y más de 20 mil fieles que lo acompañaron en la plaza de Caicedo en frente de la Catedral.
Monseñor Duarte Cancino es el prelado católico de mayor jerarquía en Colombia en ser asesinado en los 40 años de conflicto interno.

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